Me han invitado a participar en una reunión del grupo sinodal San Carlos, que ha versado sobre la MISIÓN Y LUGAR DE LOS LAICOS EN UNA IGLESIA SINODAL. Lo primero que he de decir es que he disfrutado de la experiencia: departir con otras personas también comprometidas con el proceso sinodal estimula tanto como enriquece; es más, creo que deberíamos fomentar este tipo de intercambios y también juntarnos todos los grupos de vez en cuando, que la unión hace la fuerza.

Hablamos sobre el papel de los laicos, que entrevera el documento final, hasta el punto de que creo que merecería una tesis específica. Pero este blog procura la brevedad, así que voy a destacar las “ideas fuerza” que me ha inspirado el grupo:

  1. Los laicos somos insustituibles en el proceso sinodal y, por ende, en el futuro de la Iglesia. Porque el Sínodo de la Sinodalidad ha venido para cambiarla desde dentro, con el “refresco” que podemos aportar los laicos tanto en su inspiración como en su organización. Y así impulsar una Iglesia abierta al mundo, unidos con la fuerza del Espíritu a los consagrados.
  2. Los laicos deberemos seguir impregnando y transformando la realidad social con nuestra visión cristiana, pero esto no es nuevo, ya se nos encomendó esa tarea en el Concilio Vaticano II. El Sínodo nos apela de otra manera a los laicos, la de dar un paso adelante en la transformación y mejora de la Iglesia, a ser protagonistas y decisores, no meros seguidores de una jerarquía más o menos lejana.
  3. Los laicos pueden asumir perfectamente muchas responsabilidades eclesiales, salvo las preceptivas para los ordenados. Sin duda, algunas de ellas exigirán de formación específica, pero estamos en el siglo XXI, el buen nivel educativo ya es general. 
  4. Hay que abandonar la idea de que sólo los ordenados pueden dirigir la Iglesia: la formación teológica y la ordenación no habilitan para tomar decisiones, mandar sobre personas, administrar, comunicar y todas las demás habilidades necesarias para el buen funcionamiento de una organización. De hecho, hay más personas con esta experiencia entre las personas laicas. Y descargar a los sacerdotes y otros ministros de esas labores, en beneficio de su dedicación espiritual y sacramental, no es mala cosa. Por ejemplo: ¿cuántos consejos parroquiales están presididos por laicos?

En esta línea, siguen dos citas del Documento Final del Sínodo:

 (DF 66) “En una Iglesia sinodal misionera, se pide la promoción de más formas de ministerios laicales…”

(DF 87) “Fomentar la participación más amplia posible de todo el Pueblo de Dios en los procesos decisionales es la manera más eficaz de promover una Iglesia sinodal”.

En resumen, hay que romper con la inercia de siglos de que los laicos estemos más en el mundo y menos en la organización y dirección de la Iglesia, cuando nos necesita activos también en su interior. Con el doble efecto de acercarla más al mundo y de ayudar a los consagrados, de los que no andamos sobrados. 

Santiago Coello Martín. Diócesis de Zaragoza


Descubre más desde Hacia una Iglesia sinodal

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Encantados de leer tus comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *