Me dieron para reflexionar del Documento Final, el punto 34 y 35. Y me encontré con un título precioso y utópico: La Unidad como Armonía.
Y reflexionamos todos juntos, ese bonito sábado de primavera en el Monasterio de las Canonesas, donde con la reflexión, se mezclaba Beethoven y su Pastoral y nuestro espíritu encontraba la paz individual, acompañada.
Pero con mi reflexión sinodal… me he vuelto bastante crítica.
No soy pesimista, pero tengo los suficientes años, como para saber que, unidad y armonía, son adjetivos maravillosos que pertenecen a la literatura, porque a la realidad, no.
Que pertenecen a la inocencia, pero a la experiencia, no.
Que pertenecen a la necedad, a lo absurdo, pero a la sabiduría proverbial, a esa que aconseja, que reflexiona, a esa sabiduría proverbial, que se basa en el conocimiento, no…
Y así podría seguir, pero no quiero decir con esto, que las mentes reflexivas y discernientes de este Documento Final sean fantasiosas o inocentes…. No, no es mi intención, es simplemente intercambiar perspectivas, ser conscientes de las palabras que se nos han dado y cómo las usamos. Porque, a estas alturas de la vida, del mundo, de la historia, no podemos seguir hablando del sexo de los ángeles.
Decía Papa Francisco que el lenguaje teológico debía ser pastoral, “oler a pueblo y a calle”. Para mí eso significa hablar con palabras fáciles de comprender para todos, usar situaciones comprensibles para todos y así llegar a todos. De esta manera, con este lenguaje la Iglesia llegará a todos, el mensaje será entendible y, por ende, salvífico.
Pero todos los que actualmente estamos trabajando este Sínodo, este maravilloso camino abierto, por mi querido Papa Francisco, hace años que pintamos canas y no nos engañamos… y aquí estamos…trabajando la utopía o sea… Trabajamos un proyecto deseable, pero irrealizable.
Evidentemente, para trabajar cualquier proyecto sea de la índole que sea, es necesario…nos lo dice el principio del punto 34, que parece tan fácil…”trabajar en común, juntos, en equipo, llevarlo a cabo relacionándonos con los demás”, si esto es necesario para construir una casa o trasplantar un riñón, más necesario es para construir un mundo donde la obra de Dios se manifieste, donde el proyecto trinitario, del Padre, del Hijo y del Espíritu, se manifieste en nosotros, que formamos el proyecto común llamado Iglesia.
Pero, esto es tan difícil como trasplantar un riñón.
Pero podíais decir…para una persona que está trasplantando riñones todos los días o construyendo casas esto no es difícil, pertenece a su área de conocimiento… y entonces porque a nosotros, que también tenemos nuestra pequeña área de conocimiento, este proyecto común llamado Iglesia, nos resulta tan difícil ponerlo en marcha, hacerlo caminar, adaptarlo a los tiempos…
El mismo punto 34 al final nos lo dice: Las diferencias de vocación, edad, sexo, profesión, condición y pertenencia social, presentes en toda la comunidad cristiana, ofrecen a cada persona, ese encuentro con la alteridad, CON EL OTRO, indispensable para la maduración personal…
¿Si esto es así la maduración personal de un equipo que trasplanta riñones y un equipo que construye casas se daría por sobre entendida, como decía el Señor por añadidura… Y no es así…
Porque precisamente la dificultad está ahí, en las relaciones interpersonales, que casi no tenemos, no, no pongáis esa cara…mantenemos nuestras amistades dentro de nuestro circulo reducido. Luego nos movemos en otros círculos donde impera el conocimiento…es un conocido de la parroquia…es un vecino…es un compañero de trabajo…Vivimos en una sociedad individualista donde si preguntas como estas, eres una cotilla, si manifiestas interés por un problema de alguien, te quieres meter donde no te llaman…
Y nuestras relaciones en nuestras comunidades, en nuestras parroquias también son así y eso que nosotros, se supone que somos los buenos, los de iglesia, los seguidores de un Dios amor misericordioso, pero también somos, los que nos creemos superiores a otros, los que siempre decimos, “esto siempre lo he hecho yo” y “siempre se ha hecho así”, los que creemos que podemos seguir haciendo lo que queramos, tranquilamente, porque Dios está de nuestra parte…y ya está…
Y la mayoría del Pueblo de Dios se cree que con esto ya basta, la Palabra y las Eucaristías, grupos de Cáritas, misiones, los pobres en África, todas las actividades y participaciones que se hacen en las parroquias, en las comunidades, con esto basta… y por si fuera poco, muchos sacerdotes y párrocos, además, piensan que esto es una tontería y que el que manda, es él… y ya está… y mis palabras las avalan que llevamos con esto desde 2021 y hay gente que aún no sabe qué es el Sínodo.
Punto 34…relaciones interpersonales y alteridad… luego lo retomo…
Pero si me voy al punto 35, sí que lo tengo difícil… “la familia” …las cosas tan preciosas que dice sobre la familia.
El punto 35, se explaya de forma maravillosa… son personas unidas en la diversidad de carácter, edad y función… lugar donde se aprende a intercambiar “el don del amor, la confianza, el perdón, la reconciliación y la comprensión, se tiene la misma dignidad, se acepta el concepto de reciprocidad y donde somos capaces de escuchar, discernir y decidir juntos”. Volvemos a la irrealidad y a la utopía.
Cuantas familias, que se aman. Cuantas que se soportan. Cuantas que no se hablan. Todo tiene sus luces y sus sombras.
De todo eso me quedo con la frase de Papa Francisco: “La familia humaniza a las personas mediante la relación del NOSOTROS, a la vez…promueve…no me gusta esta palabra, la cambio por…estimula, favorece, por respeta, las diferencias de cada uno”.
Mi conclusión
Cuando murió Francisco, ahora ha hecho 1 año, pensé que el Sínodo, había muerto con él. Y sobre todo cuando vi aparecer en el balcón a León XIV, vestido de grana y oro…esto ya no es lo mismo, pensé. Fui dolorosamente consciente de ello…Y ante el silencio de muchos meses, me plantee: este concepto de Sinodalidad es muy hermoso, es muy válido para la Iglesia, puede ser realmente edificante, pero, como puedo trabajarlo… y lo enfoque de forma personal.
La sinodalidad tiene que ser, PARA MI, para CADA UNO de nosotros, un camino de conversión personal y de ahí…comunitaria.
Me quedo con la conversión como opción personal, esa en la que, me ayuda el Espíritu, porque hay cosas que yo personalmente no puedo cambiar, yo no puedo cambiar las relaciones interpersonales, si la otra persona no quiere cambiar. No puedo comenzar un proceso, si las personas no se suman a él. No puedo crear vínculos, si los otros creen que no son necesarios. Por lo que decía antes, porque como somos los buenos, no lo creemos necesario…
Porque, queridos amigos la iglesia, como dice el Concilio Vaticano II, es santa, pero necesita purificación y como institución humana, está llamada, lo dice el Concilio, a una “perenne reforma”, lo que yo llamo “adaptarse a los tiempos”. Y mientras no interioricemos esto…
Hay que comenzar primero por una conversión del corazón, de MI corazón a Dios, y por aprender a pedir perdón. Fundamental. Porque todos, todos, todos metemos la pata todos los días y mañana también…Y…luego la conversión hacia los demás, a trabajar por esas relaciones interpersonales, por esa relación con el otro.
Esta iglesia Sinodal pide una verdadera conversión relacional de todos, hombres, mujeres, grupos, familias, religiones, con la creación y la naturaleza.
Que, ayudadas por la “Conversación en el Espíritu”, que me parece la forma de relación orante más estupenda que he conocido jamás…que, esas relaciones sean un poco más sinceras, más abiertas y colaboradoras, más amables y esperanzadoras.
Pero siempre partiendo de cómo me comporto yo, como soy yo con los otros… “cómo puedo nacer de nuevo” (Jn 3, 7).…
Gracias por el camino sinodal, Papa Francisco. Seguimos.

Orar al ritmo del Espíritu. Reflexión, silencio y contemplación en una Iglesia sinodal. Monasterio de la Resurrección (11 de abril de 2026)
Gema López-Menchero Mínguez. Diócesis de Zaragoza


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