Todos los sínodos habidos en la historia de la Iglesia han marcado su trayectoria, pero creo no equivocarme cuando digo que el Sínodo de la Sinodalidad ha sido el más importante porque ha supuesto el mayor proceso de participación y consulta de todo el Pueblo de Dios jamás habido. Así lo he vivido, con la esperanza de que el Espíritu Santo iluminara más que nunca, animado por tantas lucecitas de fe que hemos sido las personas participantes en todo el mundo… ¡Fiat lux!
Luz para nosotros, los creyentes, luz para la Iglesia… y también desde ella para todas las personas. Y no podemos dar luz desde el oscurantismo, si existen velos sobre su actividad. Por eso, me han atraído especialmente los puntos 95 a 102 del documento final, que conforman el capítulo titulado “Transparencia, rendición de cuentas y evaluación”, que es una llamada a las puertas abiertas y las estancias iluminadas. He de reconocer, además, que el tema me resulta especialmente atractivo porque, como economista, he estado activo desde que empezó en lo que se denominó inicialmente “responsabilidad social corporativa” y que ahora se da dado en llamar “Criterios ASG” (ESG en inglés, relativos a la responsabilidad de empresas y organizaciones con el medio ambiente, la sociedad y el buen gobierno). Y que, efectivamente, se puede sintetizar en la obligación de ser transparentes. De esto hace ya más de dos décadas, así que el mundo empresarial nos lleva ventaja, lo que ya es bastante decir.
El documento final, una vez más, aporta también en este capítulo visiones más abstrusas y otras más prácticas y claras. Lo que no cabe duda es de que impele a la Iglesia a ganar la confianza de la sociedad a través de “prácticas de transparencia, rendición de cuentas y evaluación”, y que la ausencia de estas “es una de las consecuencias del clericalismo y, al mismo tiempo, lo alimenta”. Afirmación que, sin duda, es un buen varapalo para una Iglesia “solo de los curas”. Pero, ¿qué debemos entender con esto?
En primer lugar, es obvio que esas prácticas deben implantarlas quienes ejercen la autoridad. Francisco, al bendecir las conclusiones del Sínodo, quería que, en adelante, obispos, sacerdotes y laicos con responsabilidades tuvieran que explicar lo que hacen, por qué lo hacen y cómo lo hacen. Esto requiere la aportación de información clara y accesible, para los creyentes y para toda la sociedad.
En segundo lugar, y como dice explícitamente el texto, los laicos debemos contribuir a estas prácticas aportando nuestras competencias, precisamente porque, como ya he dicho, estamos más familiarizados con estos procesos. Seremos los laicos los que, principalmente, realizaremos la evaluación del desempeño del trabajo de nuestros pastores… lo que hace muy útil que seamos escuchados para tomar las decisiones importantes. Esto va a requerir a buen seguro de árnica en las estructuras y en las personas para evitar contracturas por falta de uso de esas prácticas.
Este asunto, el de la participación de los laicos, es de tal importancia que hay que tratarlo en otro momento; pero es importante apuntar ya aquí que, como nos escribió Ángel Calvo, como bautizados, tenemos “el deber y el derecho a participar responsablemente en el funcionamiento de la Iglesia, diócesis y parroquia”. Y comparto plenamente ese énfasis en el deber.
En tercer lugar, no hay que quedarse en la mera declaración de intenciones, sino concretar y empezar ya en todos nuestros órganos eclesiales. El documento cita expresamente cinco mínimos (punto 102):
- El funcionamiento eficaz de los consejos de asuntos económicos.
- La implicación de todos, en especial de los más competentes, en la planificación pastoral y económica.
- La publicación de un informe de rendición de cuentas económico anual, certificado por auditores externos, que haga transparente la gestión de los bienes y de los recursos financieros de la Iglesia y de sus instituciones.
- La publicación de otro informe de rendición de cuentas anual, este sobre: a. La salvaguardia de los menores y las personas vulnerables; b. La promoción de los laicos a puestos de autoridad y sobre su participación en los procesos decisionales (con indicación de la proporción entre hombres y mujeres).
- La existencia de procedimientos para la evaluación periódica del desempeño de todos los ministerios y tareas dentro de la Iglesia.
La verdad es que me ha sorprendido gratamente esta concreción, por su contundencia. Creo que nuestro arzobispo tiene mucho trabajo por delante, y todos debemos contribuir a ello, según nuestras capacidades, y especialmente los que estén más implicados en el camino sinodal. Y ello sin dudar de la capacidad y dedicación de los laicos que ya están presentes en la estructura diocesana.
En esta línea, he recorrido con interés la página web de nuestra archidiócesis (archizaragoza.org). Aunque está volcada principalmente en la actualidad, tiene un enlace al “portal de transparencia” y otro al “canal ético”.
Empezando por este último, consiste en un formulario para la denuncia de prácticas indebidas desde un punto de vista legal en el seno de la archidiócesis. Es algo obligado y positivo, aunque, en mi opinión, el nombre de “canal ético” despista, todos entendemos que la ética es la aproximación filosófica a la conducta humana, a lo correcto y lo incorrecto en la misma desde un punto de vista teórico. Es decir, el nombre no responde, por demasiado amplio, al objeto del canal, que está circunscrito a la comunicación de “infracción penal o administrativa grave o muy grave o del Derecho de la Unión Europea tal y como establece la Ley de Protección al Informante”; creo que la mayoría de la gente puede acabar un poco perdida, podría parecer un intento de “camuflar” el portal para las denuncias. Se puede ser más valiente y hablar de un “canal de denuncias” y orientar más sobre los asuntos para los que está abierto, sin tecnicismos.
En cuanto al portal de transparencia, tiene una información básica sobre las estructuras diocesanas, en las que destacan, a los efectos que nos ocupan, la Oficina de transparencia diocesana y rendición de cuentas, la Oficina de cumplimiento normativo y la Oficina para la recepción de informes y denuncias de abusos sexuales en las diócesis de Aragón; aunque, curiosamente, en esta última no aparece ni dirección ni teléfono alguno, sí que el nombre es claro y adecuado, lo que hace aún más incomprensible lo del “canal ético” de la web. Además de esto, tiene cuatro apartados más:
- Inversiones y código de conducta. Aparecen dos documentos. El primero, de 2019, es una mera trasposición del Código de Conducta de las Entidades sin Ánimo de Lucro de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y, por lo tanto, es totalmente técnico y general. Se echan claramente en falta los criterios éticos (aquí, sí) empleados en las decisiones de inversión, porque… ¿podemos estar invirtiendo en empresas con comportamientos o actividades cuestionables para nuestros valores? El otro documento es sobre el cumplimiento, de mera jerga técnica que no aporta nada.
- Gastos e ingresos de la Archidiócesis. Aquí tenemos presentadas las cuentas económicas desde 2019 y la memoria de actividades desde 2017, y que consiste en la reproducción del cuadernillo titulado “Nuestra Iglesia”, que se imprime anualmente coincidiendo con el día de la Iglesia diocesana. Sin ánimo de extenderme mucho, las cuentas presentadas sólo las pueden entender adecuadamente personas con formación contable, lo que creo que no responde al espíritu sinodal antes comentado; están elaboradas con criterios de pura técnica contable, no de legibilidad. Y, desde un punto de vista formal, la memoria de actividades debería tener su apartado específico, fuera del paraguas económico.
- Últimos convenios y subvenciones. Contiene la reproducción de los distintos documentos firmados, aunque vendría bien que estuvieran acompañados de una síntesis. También sería adecuado disponer de datos sobre su empleo y efectividad.
- Manual de Buenas Prácticas. Contiene tres documentos de la Conferencia Episcopal Española: el Manual de Inversiones Financieras, que no aporta nada a lo ya dicho sobre criterios éticos para las mismas, y dos Protocolos de medidas de prevención de blanqueo de capitales, siguiendo las directrices del Banco de España, uno para los obispados y otro para las parroquias. Es, por lo tanto, muy específico para el antiblanqueo, sin incluir nada más (buenas prácticas son muchas más cosas), y es aquí donde se deberían detallar aquellas inspiradas por el Sínodo sobre transparencia, rendición de cuentas y evaluación.
En resumen, queda bastante por hacer para implantar todas las previsiones del Sínodo para ganar la confianza de los creyentes y de la sociedad. Pero, sin duda, son un camino imprescindible a la vez que ilusionante para sentirnos miembros orgullosos de nuestra Iglesia y ser luz para el mundo.
Santiago Coello Martín. Diócesis de Zaragoza


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