Con motivo del Sínodo, la palabra “escucha” se ha hecho muy habitual en algunos círculos católicos y, de hecho, se ha practicado entre los laicos en las reuniones de estos casi tres años. Pero hoy, al cabo de todo este tiempo, algunos comienzan a expresar, no sin cierto enfado, que quienes, en general, siguen sin escuchar son los obispos, los curas y el Vaticano mismo. “Todo se queda en palabras”. Olvidan que debemos ser creyentes y creíbles. Cada vez que sale un documento vaticano “para reflexionar”, algunas personas se desaniman y pierden su serenidad interior. La paz no significa que no tendrás problemas. La paz significa que tus problemas no te tendrán. Hay que estar vivos en el momento presente.

Una misma palabra, con el tiempo, suele no describir la misma realidad. La Iglesia primitiva habla de “obispos, presbíteros y diáconos”, pero estos cargos ¿los tenían en todas las iglesias, autónomas ellas, con la misma duración, función y poder?, ¿Cómo se otorgaban? ¿Se puede decir que Cristo quiso la estructura jerárquica, piramidal, monárquica, occidentalizada, totalitaria y patriarcal de la Iglesia actual? ¿Cuándo lo hizo? ¿No contradice eso al evangelio? ¿La pirámide jerárquica es sagrada e “intocable voluntad de Dios”? ¿Son ellos los dueños de la interpretación de la Palabra de Dios?, ¿Qué respeto se tiene a la fe de los fieles?

El proceso de institucionalización de las iglesias se hizo imitando los modelos de su cultura y su tiempo, estableciendo funciones para solucionar las necesidades de cada comunidad concreta (incluso por sorteo) y empleando las capacidades particulares en beneficio de todos. “Diáconos, presbíteros y obispos”: lo de menos es el nombre de “obispo”, sino su realidad actual de hecho.  Luego se copió la estructura y el escalafón del Imperio romano (y de su ordo sacerdotalis)  y se sacralizó el sacerdocio. Cuando una comunidad tenía problemas recurría al arbitraje de otro obispo consensuado y  se acabó, “causa finita est”. La Edad Media aportó el comportamiento y hasta la vestimenta del señor feudal. El papado, como obispo de Roma con poder sobre todos los obispos, tardó bastante en aparecer para luego llegar hasta la tiara y la silla gestatoria. La democracia no se nos contagió.

Todos sabemos que el poder es algo muy peligroso y, de hecho, los abusos dentro de la Iglesia están ahí. Actualmente, los modos de organización más aceptados en la sociedad son poco piramidales y con variados sistemas preestablecidos de control del poder de decisión. Se busca como modelo el liderazgo compartido. Se nos dice que no debemos ser autoreferenciales, pero a la hora de reformar la Iglesia se organizan grupos de teólogos y canonistas pero, por ahora, no de técnicos en reorganización y reflotación de grupos sociales. ¿Seguimos viendo el evangelio como una doctrina y no como una vida?

Los apóstoles eran tan laicos como Jesús mismo. No eran sacerdotes.

Pero dejemos la presunta historia del pasado ¿Qué desearía Jesús que hiciésemos hoy? Pienso que es la primera pregunta que debemos hacernos.

Serenidad y trabajo para que sean las cosas como Dios quiere.

Ángel Calvo Cortés. Diócesis de Zaragoza


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Una respuesta a «La misma palabra, cosas muy distintas»

  1. Avatar de diezprietopaz
    diezprietopaz

    Gracias, Ángel, por esos retazos históricos, al unísono de tus reflexiones Me alegra y me ayuda a ver que, ir entendiendo la imagen de Dios y todo el entramado estructural consiguiente, es un proceso que nos depura a todos de mezquindades. Los tinglados y parafernalias son otro asunto¡ A Dios siempre lo estamos buscando! Más personas de las que creemos tienen una fecunda y envidiable experiencia.

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