¿Cómo se fraguó la estructura del Documento Final del Sínodo? Desde luego, no fue casualidad que los textos de la resurrección fueran el eje vertebrador.

Antes del inicio de cada una de las sesiones, los padres y las madres sinodales tuvimos la oportunidad de prepararnos bajo la guía del Espíritu, con las sugestivas meditaciones que nos regaló Timothy Rafcliffe, que entró como ‘simple’ dominico y salió del Sínodo convertido en un ‘simple’ cardenal.

En ningún caso digo lo de ‘simple’ de forma peyorativa. Al contrario, quiero resaltar con ello la sencillez y humildad de un hombre al que el cambio de tratamiento y lugar en la Iglesia, no le afectó lo más mínimo. Es lo que tiene ser una gran persona. Puedo dar fe de ello porque estábamos alojados en la misma residencia y compartíamos mucho tiempo, muchas conversaciones, alguna escapada a la magnífica terraza de la residencia… Además, por otras cuestiones, tengo bastante contacto con él desde el término del Sínodo en 2024, y sigue igual de cercano. Las meditaciones de Timothy los días previos, fueron precisamente sobre esos mismos textos que abren cada capítulo.

No es por casualidad que la resurrección esté tan presente. La cuestión fue entender que la verdadera transformación viene del encuentro, tanto personal como comunitario, con Cristo resucitado. Solo ese encuentro es capaz de vencer miedos y recelos. Ese cambio, contrariamente a lo que solemos creer, nace precisamente en la oscuridad, las dudas, los miedos, las inseguridades… Ahí se produce el primer encuentro, en la búsqueda por salir de esa situación.

Cada uno de los personajes que aparecen en los textos que acompañan el inicio de cada capítulo, está en situación de cierta desesperanza. Casi me atrevería a decir que están en modo “¿y para qué todo esto vivido?” Posiblemente como podíamos pensar cualquiera de nosotros.

Sin embargo, ese encuentro con Cristo resucitado que no nos regala de repente la esperanza, sino que nos ayuda a descubrir que la esperanza no se ha alejado nunca, es lo que en realidad nos permite continuar sintonizando con la certeza de que aprender a ser Iglesia de otra manera es posible, porque, en definitiva, cuanto más Cristo en nuestra vida, más Cristo en la Iglesia y en el mundo que nos toca vivir.

Que esa otra manera de ser Iglesia va a necesitar compromiso y creatividad a partes iguales es incuestionable y, sobre todo, que la unidad se puede alcanzar y vivir, sin duda alguna, en la diversidad. ¡Cuánta más diversidad más riqueza en la Iglesia! Cada uno de los discípulos y discípulas vivió la experiencia de la resurrección de forma diferente, pero no por ello menos intensa. ¿Acaso el Espíritu se manifiesta siempre de la misma manera? ¿Acaso solo hay una forma de hacer crecer el Reino de Dios?

Estaría bien que algún día, en este tiempo entre la resurrección y Pentecostés al que tan poco valor le damos, nos reuniéramos para contarnos cómo sentimos, experimentamos, vivimos cada uno, cada una la resurrección de Cristo.

Cada uno, de forma personal, pero también como comunidades del tipo que sean, necesitamos asumir que los evangelistas resaltan que el sepulcro estaba vacío, no solamente abierto. Esa diferencia es fundamental porque un sepulcro abierto podía mostrar muchas cosas que no nos gustaría ver, sin embargo, un sepulcro vacío significa que la muerte ha sido vencida. Esas muertes que nos bloquean, esos miedos que impiden algunas veces hasta respirar ya no tienen sentido.

El sepulcro vacío es la invitación a salir a la vida, aunque sea complicada, difícil, aunque el mundo camine por el borde del abismo. Es la posibilidad de comprobar que las diferencias son salvables, las controversias son espacios de encuentro, y la diversidad de voces es la forma de aprender unos de otros.

¿Qué mejores textos podían articular el Documento Final del Sínodo? ¡Esperanza! Esa fue y es la clave. Con miedos vencidos, doblegados. ¡Esperanza! Que nos invita al movimiento creador, al movimiento del encuentro, a la escucha de las voces distintas. Porque solo así podremos dejar claro el mensaje a las generaciones futuras de que sí, otra forma de ser Iglesia es posible. ¡Feliz Pascua!

Cristina Inogés Sanz. Diócesis de Zaragoza


Descubre más desde Hacia una Iglesia sinodal

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Avatar de synodos.blog

Published by

Encantados de leer tus comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *