En el mundo empresarial, en el que me muevo, saber lo que necesitan los clientes es imprescindible, si se quiere tener éxito. Para las empresas avanzadas, esto va más allá de recolectar datos cuantitativos impersonales, va de escuchar y de que el cliente se sienta escuchado, de ahí, por ejemplo, la cantidad de encuestas de talleres de prueba de producto y de satisfacción que se hacen. Así, las buenas empresas, en lugar de simplemente lanzar su producto y esperar a ver qué pasa, se embarcan en un proceso de escucha activa continua. Quieren comprender las necesidades, deseos y preocupaciones de sus clientes actuales y potenciales, sabiendo que este enfoque será clave para su éxito. De esta forma, la empresa no solo satisface a sus clientes actuales, sino que también atrae a nuevos usuarios atraídos por su deseo de satisfacer sus necesidades.
En mi ya dilatada vida profesional como directivo empresarial he comprobado, además, que escuchar a mis colaboradores y subordinados, con sus comentarios, sugerencias e incluso discrepancias, me ha proporcionado ideas frescas y útiles y, sobre todo, escucharnos nos ha alineado y fortalecido como equipo. Esto es bien conocido por todos los departamentos de recursos humanos y es la base de las modernas técnicas de dirección.
Visto esto, y ahora como creyente, me pregunto… ¿qué canales de escucha tiene nuestra Iglesia diocesana? Yo no consigo verlos, ni hacia los creyentes ni hacia los no creyentes. ¿Cómo va a evangelizar con eficacia, entonces? ¿Cómo va a fortalecer a sus propios miembros. La fase I del Sínodo sobre la sinodalidad ha sido la consulta al Pueblo de Dios, porque todos somos necesarios. Sin embargo, como laico participante en el camino sinodal, me he sentido y me siento más cerca del Papa que de nuestra diócesis.
Creo firmemente que el enfoque basado en la escucha nos hará más fuertes y más responsables con la tarea evangelizadora, como creyentes y como institución. La diócesis, inspirada por el camino sinodal, ha de establecer un canal abierto de comunicación donde todos podamos expresar nuestras preocupaciones y expectativas. Si, de forma responsable, la escucha tiene respuesta, reforzará su imagen ante la sociedad y demostrará que no solo escucha, sino que también actúa en base a lo que escucha.
Muchos hemos acogido el camino sinodal abierto por el Papa Francisco con ilusión y fe. Queremos que el proceso de escucha que ha abierto el Sínodo impregne a nuestra diócesis y que aumente nuestra animación y compromiso, y también la de nuestros curas, que para algunos parece que no va con ellos y, para los que sí, necesitan no estar solos.
Termino con 1Cor.14,19: «Cuando estoy en la comunidad, prefiero pronunciar cinco palabras con sentido para instruir a los demás que diez mil en un lenguaje incomprensible». En nuestra Iglesia, ¿estamos escuchando para que nos escuchen?
Santiago Coello Martín

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